Mirá vos,

te ridiculizaste

para zafar del agravio

y en ese tic encontraste tu sentido.

Payaso-hermana con dos tetas

y una mariposa en la mano.

Susy Shock
“TIC (a Batato Barea)”, en
Realidades, 2020

Para muchas personas que nos asumimos mujeres, nuestra identidad no es un hecho dado sino un largo camino a recorrer, un agotador y desafiante sendero de construcción y deconstrucción, una cuerda floja entre la asignación de un género —la imposición de cómo se debe actuar, sentir y desear para pertenecer— y la rebeldía —abierta o solapada— de romper las casillas y buscar formas libres y deseadas de lo femenino. 

Ginecosofía, como editorial y espacio de investigación, nació impulsada por preguntas sobre la historia compleja, contradictoria y dolorosa —pero también amorosa y rebelde— de lo femenino. Preguntas sobre los saberes acumulados en el camino, en la historia de violencias, abusos y resistencias que atraviesan los cuerpos femeninos racializados y encasillados. 

El arte ha sido nuestro vehículo, un lugar desde el que miramos el mundo, lo entendemos e interactuamos con él. Un modo de decir, de preguntar e invitar; de disfrutar de la maravilla de armarnos y desarmarnos juntes. Justamente para eso hemos invitado a la compañera Gemma —actriz, payasa y poeta habitante de las sierras de Córdoba, en Argentina— a compartir unas palabras-pasos en el tránsito de desaprender y aprender los modos de lo femenino, la potencia del arte para caminar preguntando y también para volar creando.

Nacemos desnudxs, el resto es puro travestismo

 

 

Gemma se presenta

Gemma nació en el oeste del área metropolitana de Buenos Aires, Argentina. Ese origen pesa fuerte en la identidad: Gemma creció en la región más densamente poblada del país, que se expande a lo largo de una cuenca contaminada y en la que hay una fuerte presencia de movimientos sociales. Desde muy joven decidió que el teatro sería algo central en su vida y reafirmó esta decisión al abandonar la carrera de Trabajo Social, decidida a realizar a través del teatro esa tarea que quería entramar con su contexto.

Cuando empezó a estudiar teatro, a los 8 años, buscaba el drama, poder llorar, poder sentir, vivir el dolor de la historia. Pero el primer día de clases se encontró con el clown y se le abrió un camino en el humor que conectó enseguida con su forma de ser. Con el tiempo, sumaría la poesía. Hoy señala que le interesa el concepto de intérprete, como punto de encuentro entre todas las disciplinas que habita, que se unen y combinan en su cuerpo y a la vez proponen distintas perspectivas desde donde nombrar el dolor, el sufrimiento y también el placer, el encuentro con la creación.

 

 

Concepto de intérprete

Si bien escribe desde siempre, recién está reconociéndose como artista de la escritura. Acaba de presentar el libro “Andrógina”, publicado por Editorial Sudestada, que compila poemas y textos en prosa escritos a lo largo de su vida. En 2020 había publicado el poemario “El veneno de estas guachitas” con Editorial Mutanta. 

Sobre su recorrido en el camino de la poesía, Gemma cuenta:

 

 

Escribir desde el desarraigo

Las vivencias que abonan las artes

Trajimos a nuestro diálogo con Gemma una pregunta que nos rondaba, un poco incómoda, un poco atractiva por la posibilidad de cavar y profundizar la comprensión del mundo, o de ciertos mundos de los que somos parte: ¿Se puede hablar de un arte trans? ¿Por qué sería válido usar esta categoría y por qué no? Si existe el arte trans, ¿qué es? ¿A qué remite? ¿En qué consiste? 

Escuchémosla: 

 

 

“No sé si existe un ‘arte trans'”

 

 

La vivencia de no pertenecer

Además de valorar el arte como herramienta para reivindicar la identidad autopercibida y denunciar las problemáticas generadas por la “normalidad” del mundo regido por la mirada heteronormativa, también destaca que la apertura de espacios de personas trans para personas trans ha sido necesaria para validar el trabajo de artistas que enfrentan discriminación en otros ámbitos.

 

 

Espacios de y para artistas trans

Además, señala la importancia de la lucha del movimiento travesti trans: 

 

 

Seguir con las demandas

Feminismo interpelado

El recorrido feminista de Gemma es contundente y desafiante, construido a través de su participación en diferentes espacios disidentes:

 

 

“El feminismo me atravesó”

A través de la Historia y las historias, el feminismo ha sido un torrente de aire fresco para abrir universos de lo posible. Una llave para entendernos parte de un sistema opresor y compañeras en la lucha para derribarlo. Un lazo para unirnos en la disidencia al sistema de sexo-género partriarcal y entender que no estamos solas, ni estamos en falta por no encajar. También ha sido un espacio de encuentro con otras identidades, otros modos de habitar los cuerpos. Sin embargo, aunque digamos “feminismo,” lo que existe son “feminismos”, con algunos puntos de encuentro fundamentales y puntos de desencuentro igual de fundamentales. Así como ciertos ámbitos feministas han sido una puerta al encuentro entre feminidades diversas, otros han incorporado lógicas patriarcales de la exclusión o jerarquización de las identidades y luchas, o han facilitado la domesticación de las reivindicaciones por parte del discurso capitalista, o han sido tomados por luchas de poder que no permiten verdaderamente desarmar el poder opresor.

Por eso, sin dejar de reconocer la importancia de este movimiento en su vida y confiando el apañe actual en grupalidades transfeministas de las que es parte, hoy Gemma mira más allá:

 

 

“Hoy ya no me considero feminista”

Ginecosaberes

Durante el intercambio que tuvimos para esta entrevista, Gemma celebró el trabajo de Ginecosofía en pos del empoderamiento de los cuerpos, la autogestión de métodos de cuidado de la salud y el poder reencontrarse con procesos del propio cuerpo. A su vez, nos manifestó las preguntas que le generaba el nombre “Ginecosofia”, en relación con la alarma que le despiertan ciertas posturas biologicistas. El biologicismo es una forma de ver el mundo que considera que el género de una persona está determinado exclusiva o principalmente por la genitalidad con la que nace. Por ende, adjudica atributos de feminidad y masculinidad en base a esa genitalidad, sin reconocer o respetar la identidad autopercibida, es decir, el modo en que la persona elige vivir su cuerpo, el modo en que se nombra y define (o no) su género. Gemma observa que muchas veces en la sociedad se reproduce el discurso biologicista sin quererlo y nos invita a todes a revisar nuestras palabras y miradas.

Etimológicamente, el nombre Ginecosofia remite al “conocimiento” (sofia) sobre “lo femenino” (gineco). Queremos que sea una interpelación, un reconocimiento a esos saberes acumulados a través de los siglos de opresión patriarcal y el punto de partida para preguntarnos qué práctica de lo femenino nos nutre, a qué imágenes apelamos. Qué saberes que nos han constituido históricamente como mujeres nos entrelazan con otros sectores oprimidos de nuestros pueblos y cómo podemos convertirlos en llaves para una liberación colectiva y diversa, sin dejar de abrazarnos nunca, como nos enseña la artivista trava y gran inspiración, Susy Shock.  

Nos resulta fundamental contribuir desde nuestro trabajo de comunicación al conocimiento y la autogestión del cuidado de los cuerpos. En nuestros recorridos encontramos que había muchos vacíos, dudas y mala información y prácticas en relación a la salud sexual y/o reproductiva para todas las corporalidades. Hace muchos años, en nuestros comienzos, decidimos hacer un recorte y publicar materiales que aportaran a estos temas con cierta centralidad en cuerpos con genitalidad y aparatos hormonales nombrados como “femeninos”. De todos modos, nunca consideramos que esos cuerpos sobre los que y para los que investigamos fueran necesariamente de mujeres, ni creemos que sólo quienes tienen este tipo de genitalidad son mujeres o identidades femeninas. Ahora, el contacto, la cercanía y el apañe compartido con nuevas identidades nos invita a ampliar la mirada, a pensarnos y abrazarnos en movimiento, sea lo que sea lo que “estamos siendo” (con ese gerundio identitario al que nos invita la otra tía trava, Marlene Wayar). Esperamos seguir aprendiendo, con la certeza de que la autogestión de la salud y la capacidad del disfrute se nutren en la diversidad y en la exploración de las posibilidades del ser. 

Y qué mejor que el saber de lo femenino se nutra de todas las fuentes existentes y las que aún quedan por inventar.

Gemma lee su poema "Segundo nombre", del libro Andrógina (Sudestada, 2021)

by Gemma Ríos | Andrógina