🔵 Ayer vi en un libro con imágenes satelitales de ríos profundos. Enseguida pensé que si me fotografiaran desde las alturas, yo estando recostada, mi cicatriz sería una cartografía, un río con caudal que me atraviesa desde la espalda hasta la teta que me queda.

🔴 Me encanta esa imagen. Como si estuviéramos juntas recostadas, de la mano, la tierra sosteniendo nuestro peso, con un corazón de madera como símbolo de aguantar balas. Nuestros cuerpos hoy son la conquista de romper con lo impuesto. Y mis tetas en esa foto serían suculentas renaciendo en los escombros de un hombre muerto.

🔴 El vestido rojo de tu mamá me hizo amigar con la sensualidad de un cuerpo que recién se levanta, con las partes de grasa acumulada que me está dando el estrógeno. Entendí que hay prendas que son pertinentes si las tetas están ahí. Vi los ojos desorbitados de los curiosos.

🔵 El vacío de una teta me hizo darme cuenta de que mis experiencias del pasado con una fisonomía delgada, cintura estrecha, senos grandes no eran un problema para lo asimétrico que es el mundo. 

Desbocadas

La palabra de la fotógrafa, Debora Cerutti

El monte que respira, los vestidos que se orean. Dos cuerpos embebidos en azul y rojo. Un cuerpo vestido de negro que fotografía: tres tetas y una cicatriz, dos manos apretadas, dos sonrisas. 

Un invierno que abraza. Una red afectiva que sostiene. Una mastectomía, una hormonización. Territorios en rebelión contra los mandatos del mundo heteronormado. 

Luces en un espejo, reflejos de un conjunto de huesos montados con: carne, sangre, latidos, energía, procesos químicos, transformaciones espirituales. 

Aprendimos a delinearnos los ojos, a arquearnos las pestañas y a ir a velocidades inconmensurables para llegar a tiempo a nuestros placeres.  

Conjuramos la risa para atravesar los umbrales de nuestros dolores y vivir sin ataduras. Nos bamboleamos con el viento cuando las penas se aparecen y dejamos que nuestros cuerpos se acerquen a lo que nos sana.

 Cercanas a la noche más larga, habitamos las casas y los fuegos que nos alimentan. Aparecemos en una sala de teatro al aire libre, actuando de quienes somos, de quienes creemos que somos, de quienes queremos ser, de quienes nunca más vamos a ser.

 Acercamos nuestros sexos, nuestros besos, nuestras manos en tiempos de aislamiento.

 Unas hojas secas fertilizan la tierra. La vida insiste.