Morella Contreras, nacida el 27 de octubre de 1974 en México, es partera tradicional, asesora de lactancia, artesana de la placenta y consejera en salud sexual holística.

Un obstetra francés, llamado Michel Odent, desde los años 50 que desarrolla toda la temática de la humanización del nacimiento, dijo, por esos años, que para cambiar al mundo hay que cambiar la forma de nacer. Por eso, yo te quisiera preguntar a ti, Morella, ¿cómo ves tú la realidad de los nacimientos en Chile?

Es algo que está en una constante evolución. A mí me ha tocado ser testigo desde comienzos del milenio de lo que ha ido ocurriendo en nuestro entorno. Existen tres modelos, que se han tipificado, respecto de lo que es la atención del parto. Existe el parto tecnocrático, el que es integral o humanista, y después el holístico. En estos momentos, en Chile, yo diría que un 80 % de la atención del parto es tecnocrática, es decir, ocurre en un recinto de salud, de una manera en que la mujer que está pariendo es vista como una máquina, como algo que simplemente funciona, que no requiere emoción, que no tiene nada detrás. Hay un porcentaje que yo diría que es de un 10 % que se atiende bajo el modelo integral o humanista, que es lo que escuchamos hoy en día como el parto respetado o humanizado, y que ocurre mayoritariamente en los recintos privados, con equipos que apuntan hacia esa mirada; en los hospitales públicos existe, pero en una escala muy menor y en lugares no tan conocidos, acá en la región tenemos el Hospital de Limache. Y después está la mirada holística, donde ya se reconoce ampliamente la energía del cuerpo, del espíritu, de la persona, de cómo interactúa esa energía con las otras energías que nos rodean. 80 %, tecnocrático, 15 % integral humanista, y un 5 % holístico.

¿Cuál es la realidad de Chile en cuanto a las tasas de cesárea? ¿Estas tasas cumplen con lo que requiere la Organización Mundial de la Salud?

No, no cumplen. Chile es uno de los países que tiene las tasas de cesárea más altas de la región, junto a Brasil. En las últimas cifras se estipula entre un 40 % y un 42 % de cesáreas. En el año 2010 salió un informe de la Organización Mundial de la Salud que estudió la cantidad de cesáreas innecesarias que se hacían en cada país. ¿Saben cuánto arrojó Chile? 39 %, entonces 39 % de las cesáreas que se hacen en Chile son además innecesarias.

La tasa que recomienda la OMS es de un 10 % a un 15 %. Y hay estudios y algunos debates que plantean que sea incluso más baja, hasta un 5 %. En el modelo holístico la tasa de cesárea que naturalmente ocurre es baja, de un 2 %, y ocurre además después de muchos partos. Hay parteras que pueden atender 150 partos y recién ahí aparece la primera cesárea.

¿Por qué crees tú que se realizan tantas cesáreas en Chile?

Ha sido un abuso de la medicina alópata occidental, y es parte también del mercado dentro del cual está funcionando. Ha habido un manejo irresponsable de la información respecto a lo que realmente implica una cesárea, se envían mensajes de que la cesárea es segura, y es algo que no acarrea mayores complicaciones. Pero cuando uno empieza a buscar y sobre todo a ver en su entorno el impacto que tiene el uso de la medicina alópata, ahí uno realmente empieza a pensárselo dos veces, porque tiene un costo bien alto.

¿Cuál es la realidad de los nacimientos en casa en Chile y particularmente tu experiencia aquí en Valparaíso?

El movimiento del parto en casa en Valparaíso creo que fue muy esporádico en los años 80 y 90. Pero ya en los 2000, cuando empezó a llover toda esta información sobre la manera en que las mujeres estaban pariendo en otros países no tan lejanos (de hecho, nuestro país vecino, Argentina, es uno de los lugares que impulsó mucho la conciencia con respecto a la forma de nacer)… en el año 2010, 2012, se empezó a escuchar esto de los partos en casa. Me imagino que aquí ya todos conocen a alguien que ha tenido uno, dos o tres, ¿cierto? Cada vez se vuelve algo más común. Pero es algo que es muy desconocido todavía. De hecho, a mí me pasa que cuando me entrevisto con las mujeres y les pregunto acerca de cómo están comunicándole a sus familiares y a su entorno más cercano acerca de su parto, me cuentan que cuando les dijeron que iban a tener el parto en casa lo tomaron con mucha sorpresa. Y bueno, para mí, lo que he podido compartir de mi experiencia en los partos en casa, ha sido una experiencia transformadora, tanto como para las personas que lo viven, las personas que los acompañamos siempre terminamos con una mirada y una suspensión del tiempo impresionante, en la  cual uno palpa la vida con otra profundidad, y cuando vuelves afuera ya nada es lo mismo. Entonces, ha sido bien intenso, también ha sido como aprender a convivir con lo que hay, a entender que no todas las mujeres están necesariamente en búsqueda de una experiencia así. Pero ir de a poquito, tratando de entregarle a cada mujer lo que necesita en su momento para estar bien.

¿Cuáles son los mitos que rodean el parto en caso, que por una parte, atrae a un grupo de personas, pero a la sociedad en general le aterra?, le aterra esto de tener que enfrentarse a la vida y a la muerte.

Uno de los mitos principales es por ejemplo que tiene que estar una ambulancia esperando afuera de la casa. O que, por ejemplo, uno tiene que llevarse cosas del hospital… hay que entender que estamos muy influidos por los medios de comunicación masivos, y si uno hace una revisión de las películas, las series, todo-todo lo que es parte de esta globalización y que yo creo que a todos de alguna manera igual nos atrae, uno va viendo cómo se va construyendo esta imagen en torno al parto, de que las cosas ocurren de un momento a otro, que no hay un entremedio. Sí, hay partos rápidos, que ocurren en un período de tiempo muy breve. Pero yo diría que la mayoría pasan por todo un proceso. Entonces, en las películas nosotros vemos que la mujer rompe agua y no solamente se inunda la sala, sino que todos salen corriendo y es un imaginario que hay, ¿no? Entonces, yo creo que cuando uno empieza a ver lo que hay en realidad uno va sintiendo un poquito más de confianza.

También hay mitos de que, si uno tiene un parto en la casa, no hay alivio para el dolor. No es así. Se utilizan otros métodos de alivio. A veces una simple mano puede cumplir la función de un guatero, pero si hay guatero, se ocupa el guatero. El agua, el movimiento, hay muchas cosas que se pueden hacer en el momento de estar en la casa, en ese trance, para aliviar el dolor…

Otro mito que se maneja mucho es que uno piensa que inmediatamente tiene que llegar un médico a revisar al bebé y que es como una situación de emergencia. Y yo creo que eso también tiene que ver con esta mirada del cuerpo de la mujer como enfermo, que en ese momento necesita una asistencia que es de otro tipo.

Cuando te conocí aún estabas trabajando en los hospitales ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste, preferiste acompañar partos en la casa?

Comencé mi camino acompañando a las mujeres en donde ellas me pedían que fuera. En la década del 2000 al 2010, era poco lo que se hacía fuera del ámbito hospitalario, y entonces las acompañaba, Muchas veces era difícil presenciar el abuso, me tocó estar en varias instancias en las que eran dos box: un box en donde estaba la mirada integral, activa, y al frente un modelo tecnócrata. Entonces, es muy fuerte, porque quieres salirte de este box e ir al otro a apoyar a la otra mujer… Es muy fuerte y uno empieza a acumular todas esas sensaciones en su propio cuerpo.

Mucho de mi decisión de alejarme del parto hospitalario fue también porque me di cuenta de que yo podía aportar mucho más en las casas. En el ámbito médico hay escepticismo con respecto a estos saberes ancestrales, entonces uno tiene que llegar ahí con una energía… Y, bueno, yo no soy tan mayor, pero tampoco tengo ya veinte años, entonces ya también es un desgaste triple estar en un hospital y presenciar imágenes fuertes que a una la dañan también.

¿Cuáles son las prácticas de abuso que tenemos normalizadas en la sociedad, “así es un parto”?

La medicina alópata occidental se ha dado toda una vuelta para empezar a poner en práctica este manejo más activo del parto. A través de la inyección de fármacos, de estar midiendo la dilatación, de rasurar, de depilar… y conjuntamente los más estudiosos de esa ciencia se volcaron a esto que es conocido como la medicina basada en evidencias. Y con este ejercicio la OMS hoy en día concluye que estas prácticas no deberían hacerse de manera rutinaria o arbitraria. O sea, que para realizarse, por ejemplo, un tacto o todo lo que sabemos hoy en día que está muy normalizado, debiera tenerse realmente una razón para hacerlo. Y en la mayoría de los casos no hay razón alguna. O sea, se hace, simplemente se rompen bolsas, sacos amnióticos… se pone enema. La epidural, la anestesia para aliviar el dolor, se te ofrece de manera rutinaria en momentos en los que en realidad hay tantas cosas que se pueden hacer para que la mujer transite por ese momento sin la necesidad de cosas extrañas en su cuerpo. Obviamente después eso acarrea otra serie de secuelas.

¿En qué le afecta a una mujer que su parto sea medicalizado?

Se abre el efecto dominó, que también se ha identificado como una cascada de intervenciones, se activan una serie de alteraciones a nivel bioquímico en la mujer. Hay que entender que el momento del nacimiento es un período muy sensible, el cerebro no está del todo desarrollado. Entonces, hay muchas cosas que se hacen, que efectivamente pueden tener secuelas a corto, mediano y largo plazo. También hay mujeres que reaccionan de maneras muy distintas al mismo medicamento, y es por eso que lo ideal es tratar de evitar el uso. También a mí, por ejemplo, me toca a veces ir a ver mamás que han estado hospitalizadas, que tienen desde los brazos todos moreteados, por lo que les ponen, o el vientre también moreteado, porque se le suben encima. Obviamente esto no ocurre en todos los hospitales, les comenté al principio que hay ciertos lugares donde se está haciendo un esfuerzo, y se está haciendo un trabajo de desarrollo personal con las personas que atienden a las mujeres para que se sensibilicen, porque es algo que se ha vuelto tan mecánico. Entonces, de verdad, desde las heridas físicas que pueden quedar visibles hasta… de todo. Hay mujeres que con el uso de medicamentos como la anestesia han descrito dificultades para establecer la lactancia, dificultades emocionales también para conectar con el bebé, porque es como que le haces un cortocircuito al cuerpo. Tu cuerpo de manera sabia y propia está generando todas las sustancias para que una se conecte con ese bebé cuando nazca. Y eso lo hace porque el cuerpo también tiene su forma natural de ayudarse a sí mismo. Creo que estamos poco a poco empezando a entender, que nuestro cuerpo cuando algo le pasa es porque nos está hablando, nos está ayudando también a sanar. En la parte social, en el estudio de la salud primal, que es el estudio del ser humano en el momento de su gestación y en el primer año de vida, se han visto fuertes implicaciones de la forma en que nacen los niños a largo plazo, por ejemplo, en temas conductuales, también en abuso de sustancias químicas. No es como que el nacimiento pasó. No hay nada que no esté conectado con lo otro, es algo que nos marca mucho como humanos y humanas.

Cuéntanos qué importancia tiene en la vida de la madre y del bebé la lactancia.

El amamantamiento es un canal energético que activa a la madre, que activa al bebé, que lo despierta en todos sus sentidos. Es algo que la naturaleza nos da para potenciarnos en nuestro desarrollo. La ciencia ha estudiado mucho el tema de la lactancia, y también se han dado una media vuelta para concluir que efectivamente no hay nada mejor que el amamantamiento. Pero tenemos nuevamente la intervención, así como la cesárea termina interfiriendo con los partos y los nacimientos, el relleno, el uso de las fórmulas artificiales también obstruyen la lactancia y también son algo que está muy enraizado a nivel cultural, repleto de mitos, que “no voy a producir suficiente leche”, que “la leche está acuosa”… Entonces, estamos en un período en el que hay que acompañar muy cercanamente, dedicarse muy minuciosamente a cada mujer para apoyarla. La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, y, posteriormente, con alimentos complementarios hasta los dos años o más; o sea, la leche materna es el alimento principal del ser humano los primeros dos años de vida. Y lo que recoge la historia, la antropología, es que las civilizaciones que nos preceden amamantaban de manera natural y sin que nadie te mirara feo hasta los cinco, siete años, con la aparición de los primeros molares.

Háblame un poquito de la importancia de la placenta.

La placenta es otra sabia medicina del cuerpo. Un órgano un poco extraño porque es un órgano que muere cuando nace. En muchas culturas incluso nos acompaña, se dice que los niños cuando están pequeñitos y se ponen risueños y miran como que están viendo algo, es su placenta que los viene a visitar, como un ente súper protector. Es además un órgano genéticamente idéntico al bebé que nace, entonces es considerado como una hermana, un hermano. Durante la gestación, es lo que sustenta la vida del bebe. Durante el nacimiento juega un rol también fundamental, porque continúa funcionando a pesar de todos los otros movimientos que se están dando corporalmente. Es así como un paracaídas, diría yo, si quisiéramos imaginarlo, cómo en la llegada vienes en tu placenta, agarradita del cordón umbilical; y cuando llegas afuera también puede ser un gran aporte para esa transición, tanto del bebé como de la madre, emocionalmente tiene una paz, que cuando uno la mira, la respetas y la honras, está ahí presente. Y bueno, hoy en día se está escuchando más que se consume. Entonces, aparte de ser una medicina emocional en términos transicionales para ese bebé y esa madre también lo es a nivel nutricional: las hormonas que contiene se producen muy tardíamente en el embarazo, y quedan como selladas en la placenta y después uno las consume. Y ayuda mucho a tranquilizar a la mamá en este cambio que es muy fuerte. Y ayuda también a la producción láctea. Las mujeres la consumen de variadas formas, desde batidos con fruta, hasta la encapsulación… hay muchos formatos.

Y en muchas culturas se honra un montón la placenta. O sea, nunca pensarían en desecharla, es como algo insólito desecharla, más bien se adorna; en países como Indonesia, por ejemplo, se le colocan muchas flores. Hay infinidad de ritos que rodean la placenta y siempre ha sido así, lo que pasa es que a nosotros no nos lo contaron, entonces estamos reaprendiendo.

En Chile nuestra cultura ancestral mapuche la consumía. La consumía la familia, luego se enterraba junto al árbol que iba a acompañar a ese niño o a esa niña. Y algo pasa ahora que cuando vas a tener tu bebé a un centro hospitalario la placenta se desecha.

O se va a las grandes empresas cosméticas, también, porque no es que no se sepa.

Es un tráfico ¿no? ¿Qué pasa actualmente cuando una quiere pedir esa placenta? ¿Qué pasa legalmente en Chile?

En el sur, por lo mismo que tú cuentas que la tradición de la placenta igual se ha mantenido fuerte, y también con este intento de los servicios de salud de acercarse a las comunidades mapuche, ha sido por varios años más respetuoso ese manejo. No sé en qué cantidad, pero hace años que resuena que en la Araucanía si una mujer mapuche iba a tener a su bebé a un centro hospitalario le entregaban la placenta. Después como que se empezó a mover eso geográficamente y llegó acá, a la Quinta Región, a Santiago, y se empezó a pedir la placenta… La gente apelaba a algún tipo de apellido extraño que pudiera tener que le hiciera pensar al servicio que efectivamente podían liberarla. Ya después como que se cerró eso. Y hubo una iniciativa de una pareja, de la Quinta Región, que hizo un trámite en la Seremi regional, así que Valparaíso es la única región en todo el país que tiene un decreto ministerial que le asegura la entrega de la placenta a toda mujer. El resto es un vacío legal. O sea, depende de varios factores: si está de buen humor alguna persona, si te la pasan medio escondida. Está como incierto y todavía un poco nublado.

Para mí, parir en casa no está desligado de un posicionamiento político. No es un suceso aislado de las prácticas cotidianas. ¿Cómo ves tú la realidad de las parejas que se acercan a tener un parto en casa? ¿Por qué las familias buscan tener un parto en casa actualmente aquí en Valparaíso?

No es tan fácil generalizar, pero yo creo lo que tú planteas, que es una trinchera política. Para emprender una experiencia así se tiene que tener una fortaleza interna, una convicción. Hay que pensar que las mujeres que lo eligen son el 2 %, el 3 %, o sea, claramente son mujeres muy radicales. Yo creo que las mujeres que se acercan a mí que quieren un parto en casa tienen muchas vivencias distintas. Y lo que yo trato de hacer cuando converso con ellas es que aterricen bien y no solo porque está dando vueltas por Facebook o porque gente que conocen tuvieron parto en casa, porque sí requiere una preparación, requiere una postura, como dices tú, un autogestionarse de su propia salud.