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Sol en Acuario (20/1) El universo entrelazado

enero 28, 2020

 

Texto: Espacio Interior Astrología

Ilustración: Conicuri

El universo dura. Cuanto más profundicemos en la naturaleza del tiempo, más comprenderemos que dura­ción significa invención, creación de formas, elaboración continua de lo absolutamente nuevo.

Henri Bergson

Acuario nos vincula con algo que es parte de la realidad de la vida: nada se repite, todo está sucediendo por primera vez. Aún cuando hay ciclos, aún cuando el río parece ser siempre el mismo, uno nunca se baña dos veces en la misma agua. Cada nueva cosa sucede sobre el cuerpo del pasado sosteniéndola. La vida se mueve con una infinita capacidad de improvisar, y sólo nuestro esfuerzo trae de regreso aquello que ha sucedido. Capricornio tiende a cristalizar, a detener o regularizar el tiempo: lo rigidiza o lo mide, segmentándolo y matándolo. Acuario busca ponernos en contacto nuevamente con el movimiento de la vida, que es en el tiempo, que se despliega en un tiempo que no preexistía: el presente está siendo permanentemente inventado. Incluso si creo en el Destino, el camino que me lleva hasta este momento puede estar escrito de antemano, pero existe, se vuelve concreto, en su puesta en acto, esto es: al volverse parte del pasado y de la memoria, parte de lo que ya sucedió. Acuario nos vincula entonces con esta realidad permanentemente nueva e inventada, con lo que se basa y sostiene en la diferencia, con lo que rompe los esquemas de la repetición con los que interpretamos una realidad que no es nunca igual. 

Este sol en Acuario nos invita a reinventar nuestros espacios laborales: esas prácticas con las que ocupamos un espacio en el entramado social y con las que nos sostenemos materialmente hablan mucho de nosotres. ¿Hasta dónde eso a lo que dedico gran parte de mis energías me expresa plenamente y hasta dónde me permite, simplemente, ocupar un lugar conocido dentro del espacio social? 

Este mes puede aportar la valentía para proponernos direccionar algunos de los cambios que el cielo viene trayendo con insistencia. Desarmar formas de vivir pre-establecidas para darle lugar a las propias puede ser una aventura que este tránsito del sol nos permita, al menos, empezar a planificar. 

En este signo aparece la red, el entramado, el nosotros que me define; esas grupalidades que participan profundamente en lo que soy. Acuario habla acerca la orfandad, tanto desde el peso doloroso de la soledad como en cuanto a la fatalidad de encuentros: asumir la propia orfandad nos encuentra con otres más profundamente, pues no hay, en ese encuentro, nada que perder ni nada que sostener. Hay, en nuestra identidad, siempre un colectivo que está detrás, sosteniendola. De formas sutiles o explícitas, ser quien soy es ser parte de un nosotrxs. Y hay, en ser quienes somos, una cuota de soledad inevitable: la soledad de ser quienes somos.

De algún modo acuario siempre nos acerca a lo excéntrico, a lo raro, a lo diferente. Los amigos, los espacios colectivos, las grupalidades diversas corresponden a este signo. 

Un elemento interesante de eje Leo-Acuario es la polaridad Subjetividad-Singularidad. La subjetividad es algo que me es propio, es algo que tengo, mientras que en la singularidad es algo que me encuentro. Somos el resultado de la propia historia, que se entrelaza con la historia familiar y humana, en este sentido construimos una identidad sólida que corresponde a Leo. Pero de algún modo, esa subjetividad se entrelaza con todo aquello que la excede. Nos vinculamos con el mundo, real y profundamente, en el encuentro de nuestra singularidad: aquello que soy más genuinamente, la expresión de mi esencia, algo que no tengo que hacer esfuerzo alguno en sostener sino que me sostiene, brota de mí de manera natural y genuina. De alguna forma, la subjetividad es siempre una anulación, una parcialización defensiva de la singularidad. 

Astrológicamente es válido decir que somos todo un cielo. No somos el sol o la luna, o el ascendente. Somos todo ese cielo, que luego,para darnos el espacio de análisis, podemos dividir en doce signos, y segmentar las fuerzas activas que alberga en los planetas, la luna, el sol. Pero en realidad, somos siempre un instante del cielo, todo junto, expresándose al unísono. La singularidad es eso: todo ese cielo expresándose en conjunto, nuestra esencia desplegada a través de la vida que surge desde lo más profundo de nuestro ser. 

Por otra parte, Acuario habla de la capacidad de crear. En libra (otro de los signos de Aire) encontramos la creatividad como la capacidad de generar formas bellas y armónicas. En acuario la creación no apunta en ese sentido, sino en el de generar nuevas porciones de realidad, nuevos espacios dentro de mundo humano. La creatividad reacomoda lo existente, la creación inaugura nuevos espacios dentro de lo real, nuevos reales posibles o deseables.

Representa también el principio de objetividad y el anhelo de perfección, desde donde se acentúa la relación con el pensamiento y con lo intelectual, generando en muchos casos la desconexión con el mundo emocional que es, al menos, poco importante, prescindible y subjetivo desde la mirada de acuario. 

Acuario es el cielo: ese espacio en donde flotan las estrellas, ese absoluto hermosamente distante y perfecto. Pero también ese espacio donde podemos encontrar el corazón de las leyes que ordenan nuestra experiencia en la tierra. 

Los flujos eléctricos (literales y sutiles), el sistema nervioso, la tecnología, los avances científicos y todo lo que se mueve a grandes velocidades corresponde a este signo zodiacal. Y también los espacios políticos en general y los movimientos revolucionarios en particular. 

 

Visualización

Una mujer llena las hojas de su cuaderno con números y símbolos. Busca resolver una ecuación sin respuesta desde hace años. El movimiento de su lápiz es vertiginoso. Garabatea a toda velocidad, cubriendo con números casi ilegibles el blanco grisaseo de sus hojas. De pronto se detiene. De nuevo ante un callejón sin salida, levanta la vista y mira por la ventana. Llueve desde hace horas. El cielo, cargado de nubes, aparece como una cúpula de acero: perfectamente cubierto de ondulantes nubes grises y negras. La presión aumenta y el choque es inevitable. El rayo desgarra el cielo y cae sobre unos árboles. Las llamas comienzan a devorar la madera y unos leñadores que estaban por allí, cerca de donde cayó el rayo, se juntan alrededor del fuego que el cielo ha creado. Alejan las ramas para que el fuego no se extienda bosque adentro, acomodan los restos de los árboles, corren, se gritan los unos a los otros trabajando como un solo cuerpo. Cuando todo está hecho y el fuego sólo será capaz de devorar lo que ha caído, los hombres se detienen a su alrededor. Observan con asombro la fuerza de la naturaleza, su capacidad de cambiar el paisaje de un momento al otro. Una muchacha los observa desde más lejos, subida a una roca. Desde donde está, puede verlos mirar el fuego y puede ver el fuego, pero también puede ver más allá: del otro lado de las llamas, un pájaro asustado remonta vuelo y planea sobre la escena, alejándose a través del cielo, buscando un lugar seco en donde descansar. La muchacha lo sigue con la vista y ve, cerca de la copa de uno de los árboles caídos, que el fuego comienza a extenderse hacia unos árboles que los leñadores no han visto. Grita, desde la cima de su pequeña roca, advirtiendo a los hombres, que corren a sofocar el incendio. Esa noche todo el pueblo se junta alrededor del fuego, observando cómo devora los árboles que han caído.Ella ha permanecido frente a su cuaderno arrugado. Les mira, a través de su ventana, desde la oscuridad de su estudio ve cómo el mundo muere y renace a cada instante.