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Sol en Sagitario. El universo encuentra una dirección

noviembre 26, 2019

 

Texto: Espacio Interior Astrología

Ilustración: Conicuri

Alegría: una pasión por la que el alma pasa a una mayor perfección.

Spinoza

La temporada de Sagitario, esperada por mis colegas y por todes les que tienen cierta cercanía con la astrología, es un momento de bienaventuranza y alegría. La energía sagitariana es la energía de la fiesta y la alegría. Salvo, eso sí, que hayamos depositado demasiadas expectativas en este momento, resistiendo el dolor, dejándolo afuera, esperando que simplemente desaparezca: todo lo que estamos negando del trabajo interno, toda la alegría que conquistamos a fuerza de huir, todo lo que nos hace desear estar un paso más allá, más cerca de la alegría y la felicidad es, justamente, aquello que hará tambalear las ilusiones y las esperanzas que no tienen sustento, pues la felicidad se alimenta con la energía que se libera en los procesos de transformación. La alegría es real, la felicidad es conquistable, pero requieren coraje. No se alcanza la sanación de modos mágicos y sencillos, sino que el trabajo sobre nuestros mundos emocionales nos permite alivianar la mirada y reconocer lo bello y lo alegre en lo que nos rodea y en lo que deseamos encontrar en nuestras vidas. Si fuerzo la mirada para no reconocer lo doloroso, permito que el sufrimiento persista. Si me animo a dejar atrás el dolor, me encuentro con la alegría genuina que emerge del final de un ciclo de dolor. Encuentro un sentido, produzco una síntesis, avanzo.

Esperemos, entonces, que la temporada sagitariana traiga un cierre a las convulsiones sociales que vienen transformando nuestra región; y ojalá sea una resolución que, justamente, no niegue lo que originó los conflictos sino que les dé curso, para permitir que se creen nuevos sentidos, una nueva ética, una nueva forma de comprender la realidad y, fundamentalmente, que nos permita sentir con mayor profundidad la sensación de libertad.

Es esperable, en cualquier caso, que la temporada de Sagitario traiga la oportunidad de disfrutar con alegría de los movimientos que han sido tan complejos a lo largo de un año cargado de intensidades. Este mes puede ser un alivio, un espacio para encontrar las fuerzas con las que enfrentar la próxima tanda de eclipses.

Sagitario permite encontrar el sentido a las experiencias: tanto el sentido que permite sobrevivir como el sentido de la vida. Sagitario habla también de la expansión y el aprendizaje, de la incorporación de conocimientos y de la relación con la sabiduría. Una relación con el conocimiento interesante para Sagitario es la que se abre al entender la sabiduría como la capacidad de reconocer intuitivamente lo verdadero, pues es un modo de producción de sentidos y de verdades que no trae la verticalidad de la religión y el sacerdote, temas también sagitarianos.

Habitualmente, encontramos experiencias humanas de lo sagitariano que nos acercan mucho a la ilusión. La felicidad funciona como refugio, y ante cada pequeño pinchazo o raspón reacciono diciendo “Todo es perfecto” o “Esto me sirve para aprender algo; todo pasa por algo”, cuando lo que sería más adecuado es reconocer que mi propia ilusión me llevó a repetir los mismos errores nuevamente. Cuando necesito que las cosas tengan un sentido y me refugio en el sentido que las cosas tienen, no me permito sentirme perdide, sentir confusión y angustia. Si todo necesariamente tiene que ser feliz, la calma no tiene lugar y persigo frenética y ciegamente lo que no tiene realidad.

Viajar, estudiar, ilusionarse y sintetizar. Pero además, también, creer. En Sagitario, la verdad y la fe se entremezclan para decir que tanto sea de un modo religioso o científico, mítico o empirista, la realidad depende de nuestra forma de comprenderla. La telaraña del lenguaje, de la que habla Nietzsche, es la que nos permite volver real lo invisible. De algún modo, en Sagitario se vuelve visible lo invisible que trae Escorpio: nombrar es conocer, dar nombre a lo invisible. El tetragramatón (el nombre impronunciable de dios, compuesto de cuatro consonantes) sería un elemento esotérico-escorpiano, y todos los nombres de dios (Jeova, Jhave, Jojva, Elohim, etc.) fundan diferentes religiones o modos de acercarse a ese dios sin nombre, que entrarían en la órbita de Sagitario. Lo real es siempre nombrado, no existe una realidad a la que los signos refieran, sino que la realidad es creada por los símbolos. Esto no quiere decir que no exista un árbol detrás de la palabra “árbol”, sino que siempre el árbol es nombrado de un modo determinado: “paisaje”, “leña”, “medioambiente” o “guardián”; y cómo se lo entienda es también cómo se vuelve real. Para un árbol, lo real no existe. Lo real es un juego meramente humano.

Tanto en lo científico como en otros modos de producir sentidos, siempre se parte de una serie de axiomas que no pueden ser cuestionados, que sirven de punto de partida, y que, a su vez, marcarán el punto de llegada. Si parto de la base de que los efectos tienen causas, y estas se pueden encontrar, de que todo tiene un por qué, estaré produciendo sentidos, grosso modo, científicos. La axiomática de la astrología incluye la ley de correspondencia (como es arriba es abajo, como es adentro es afuera), desde la cual es posible producir sentidos diferentes a los que se permiten la ciencia o la religión, que parte de una verdad incuestionable que es Dios. La astrología solo puede pensar lo que le permite este axioma, ni más ni menos, y no es posible cuestionar estos puntos de partida ni explicarlos desde la astrología, así como la matemática parte de una serie de axiomas bien definidos que no son cuestionables en modo alguno. Si no estoy de acuerdo con que “como es arriba es abajo”, entonces la astrología no será una disciplina válida para mí, y de poco vale querer exponerme todo lo que puede ser pensado a través de esa disciplina: si no acepto de buena gana ese punto de partida, no habrá forma de aceptar los sentidos que se despliegan de él. Y de nada sirve intentar explicar con los axiomas de la ciencia el derrotero de otras disciplinas: si alguna causa concreta de algo que tiene que ver con Marte produce efectos concretos en mí, no es lo que investiga la astrología como disciplina.

Visualización:

Vemos el espacio sideral, poblado de estrellas, poblado con un silencio profundo. El infinito se despliega ante nuestros ojos y la sensación de vacío se vuelve dulce ante la posibilidad de viajar, de atravesar el espacio. Sentimos el movimiento y nos dejamos mecer. Las estrellas fugaces, rasgan la tela negra, espesa del espacio infinito. Los sonidos comienzan a volverse, otra vez, perceptibles. El sonido del agua. Las sensaciones en la piel, la humedad. Sentimos la espalda apoyada contra el fondo del bote. Viajamos río abajo, dejándonos llevar por la corriente, sosteniéndonos a flote en una pequeña embarcación que avanza rápidamente. Un tono ceniciento, blancuzco, va a avanzando sobre el negro profundo del cielo. El río se angosta y vemos, con la espalda aún contra el suelo, árboles frondosos y oscuros recortarse contra el fondo del cielo que, lentamente, se tiñe de celeste. Nos sentamos en el bote y vemos que el río se vuelve menos veloz. Sentimos la necesidad de bajar del pequeño bote y nos acercamos a la orilla. Bajamos de la embarcación, tomandola espada que descansaba a nuestro lado y seguimos caminando hacia una gran montaña. Caminamos con una gran confianza y mucha fe. La marcha es alegre, pues se sostiene en la claridad de estar haciendo lo correcto.