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Bienvenido, caos.

noviembre 11, 2019

Acompañando las primeras semanas de puerperio

¿Qué le regalamos a unx bebé? ¿Qué le hará falta a la familia? ¿Vamos a la clínica o después a la casa? ¿Y si mejor les preguntamos? ¿Qué tal si en vez de un baby shower normalizamos una postpartum party?

 

Con el nacimiento de unx bebé se desordena todo, pero de a poco se van acomodando algunos roles, se restablecen contratos y se rompen algunas máscaras. Para abrirse al mundo, unx bebé quita un velo: ya no hay dónde esconderse. El regalo que nos traen lxs bebés es poder atender esa oportunidad. Y en ese despliegue de identidades en renovación aparece el desafío del trabajo interior, que hay que poner en diálogo con una vida cotidiana material de tiempos y espacios revolucionados, de rutinas imposibles y una entrega rodeada de frustraciones y euforias. 

Una mujer gestante no precisa regalos inútiles ni pruebas tontas. La idea de agasajarla no se descarta; hay pequeños rituales interesantes de cierre del ciclo con la panza, de empoderamiento y autoafirmación antes del nacimiento. Sin embargo, una mujer puérpera difícilmente sobreviva sin ayuda. Porque después del tan esperado día del nacimiento, para el que todo el mundo está atentx y expectante, comienza una época que acarrea dolores y cansancio, mezclado con un cócktail de emociones y la lenta tarea de empezar a conocerse con quien recién llegó. Es entonces cuando una mujer puérpera necesita –para llevar el cotidiano de esas primeras semanas– toneladas de ayuda de toda índole.

Ideas para una visita ideal con unx bebé recién llegadx a la familia:

* pedir permiso para la visita y preguntar qué hace falta.

* no tocar el timbre ni el portero eléctrico.

* no llegar con maquillajes ni perfumes (menos con olor a cigarrillo o con síntomas de alguna enfermedad contagiosa).

* llevar comida –comida de verdad– para que quede, no sólo para la visita. No esperar ser atendidx.

* preguntar directa y concretamente: “¿Lavo platos? ¿Pongo el lavarropas?”. Informar: “¡Vine a ayudar!”. Si ves una tarea, es tuya. 

* armar planes con lxs otrxs hijxs u ofrecer tener a upa a lx bebé para que la madre disponga de un momento personal o para lo que ella necesite.

* escuchar, asistir, hacer reír.

* no invadir con selfies ni sonidos del celular.

* retirarse. Y volver. Porque la familia recién nacida necesita muchas manos, muchas veces. No sólo esa primera visita para conocer a lx bebé.

Acompañar verdaderamente el despliegue de una familia es poder escuchar lo que la familia necesita; acompasar el ritmo para estar en sintonía: no es lo mismo unx bebé de una semana que unx de 4 meses. Escuchar para conocer. Poder correrse del centro es la noción rectora. No importa que usted sea el abuelo, la madrina o la mejor amiga de la madre. Justo en este momento, no se trata de usted. Es momento de compartir –desde un segundo plano muy activo y necesario– este conocerse de mamá-bebé, un tiempo único que sólo ellxs protagonizan y que es hermoso poder acompañar. Es un momento mágico que no se puede fotografiar; sólo atesorar en la memoria de una vida que comienza a ser con otrxs.