BLOG

Virgo. Un pequeño universo ordenado

septiembre 13, 2019

Texto: Espacio Interior Astrología

Ilustración: Conicuri

 

La limpieza, al desarrollarse, señala lo que debe ser constantemente cuidado y lo que es eternamente limpio.

Lo que se deteriora es exterior.

Lo que no se deteriora está, profundamente, en nuestro interior. 

Patanjali

 

Es tiempo de abrirse a reconocer aquello que el viento ha arrancado de nuestras manos. Permitirnos registrar todo lo que ha quedado atrás después del invierno y, finalmente, disponernos a florecer.

Los pequeños detalles nos contienen y expresan tan bien como las grandes decisiones. Podemos afirmarnos en esa pequeñez, durante este ciclo, para permitirnos dejar afuera aquello que nos aleja de la propia identidad, de la esencia que nos anima. Aquellas cosas que sostenemos en nuestra vida sin que expresen nuestros deseos, sin que le den lugar a los propios impulsos, mantienen vivo un miedo que es posible desnudar, abrazar y contener durante este ciclo.

Ordenarnos. Limpiarnos. Depurarnos. Física, mental y emocionalmente. 

El signo de Virgo habla del proceso. Del espacio y el tiempo que los procesos toman. Sentimos, en muchos casos, la energía virginiana como una energía de restricción. La no inmediatez, el esfuerzo y lo que hay que sostener en el tiempo, pueden ser leídos como un esfuerzo a realizar, un esfuerzo que dilata la llegada de aquello que deseamos. Pero cuando el proceso se realiza de un modo genuino y entregado, aquello que nos ofrece como resultado no es lo que deseábamos sino un modo de desear que se ha enriquecido; no es un objeto anhelado sino un funcionamiento deseante.

Virgo busca optimizar el funcionamiento de cualquier sistema en el que interviene. A veces virtuosamente, a veces obsesivamente, a veces las dos cosas. La capacidad de observar detalles invisibles, de poner en evidencia cómo altera el buen funcionamiento del conjunto ese movimiento específico de esa partícula específica. 

En este signo, la importancia no está en la subjetividad sino en el sistema. El concepto de servicio tiene aquí una particular importancia. Soy aquello que brindo para lograr que el conjunto funcione correctamente. 

Intentando trabajar con la energía más esencial de Virgo, es claro el arquetipo de la virgen: madre de Jesús por mediación del espíritu santo. Fuera de todo acto de la propia voluntad, la Virgen da lugar a que en su cuerpo crezca una partícula divina. Entrega su cuerpo a Dios para engendrar en ella una manifestación material de ese Dios. Esa entrega a lo que está más allá del entendimiento y la razón, esa fuerza ingobernable e inclasificable de la divinidad haciéndose carne en el propio cuerpo es el corazón de la energía virginiana. Un arquetipo más antiguo de Virgo es el de aquellas mujeres que entregaban su virginidad en el templo de la Diosa antes de contraer matrimonio. Era a la Diosa a quien le era entregada esa virginidad, no a los hombres. Era una ofrenda hacia ella. El arquetipo virginiano habla de una profunda entrega a lo que se percibe sin comprenderse. La imagen del Ritual, gran concepto virginiano, es clara al respecto: una serie de acciones materiales que logran abrir un espacio a lo divino en nuestra vida concreta. 

La vida se desliza sobre un cuerpo sano, que requiere un esfuerzo de orden y de limpieza constante. En una familia, el amor necesita orden para poder fluir. Virgo aporta ese esfuerzo, ese orden, esa limpieza. 

 

Visualización:

Una mujer con una azada en la mano observa la tierra arada, los surcos delineados. Repasa mentalmente el día de trabajo, las semillas siendo puestas debajo de la tierra, una a una. Piensa en lo que ha sido necesario hacer hasta ahora e imagina las tareas pendientes.  Quitar la maleza, que crece con mayor velocidad que las hortalizas. Esperar que llegue el calor. Esperar que venga la lluvia. La mirada de la mujer se pierde en el horizonte. Más allá, una cadena de montañas, el cielo, nubes negras a lo lejos, cargadas con el agua que la semilla necesita. Debajo de la tierra, el silencio. El agua despertará la fuerza de la vida abriendo, despacio, con suavidad, la piel de la semilla que ahora simplemente permanece disponible.