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El Sol en Libra (23/9): Del universo, lo bello.

septiembre 23, 2019

Texto: Espacio Interior Astrología

Ilustración: Conicuri

El amor no es un estado, un sentimiento, una disposición; sino un intercambio, desigual, cargado de historia, de fantasmas, de anhelos que son más o menos legibles para quienes intentan verse mutuamente con su propia mirada defectuosa.

Judith Butler

Este ciclo de Libra nos permite ver cuánto sostenemos una forma de ser y de actuar para conformarnos a estructuras que nos protegen y nos hacen sentir contención y pertenencia. No se trata de dejar de fingir, sino de realmente poder dejar de sostener una forma de ser gira en torno a las leyes de nuestra familia y de nuestra sociedad. Más allá de la obediencia o la desobediencia, lograr ver el propio valor de las cosas, limpiándose de los ojos las estructuras familiares y sociales a las que obedecemos. El patriarcado marca cuál es la forma de un cuerpo femenino correcto, cuál un cuerpo masculino correcto; el simple hecho de ver la belleza del modo en el que sólo nuestros ojos la hallan en el mundo es una aventura, es arriesgarse.

No es sólo el concepto de belleza lo que está en juego, sino el de la forma humana. Si no deseo el deseo del Estado, el deseo del Padre, me arriesgo a perder mi condición humana. Al explorar en el propio deseo y en la propia valoración de lo bello y lo deseable, se pone en riesgo mi condición humana. Esto es claro en las disidencias sexuales, pero en formas más sutiles pasa en cada familia cuando se elabora un objeto de deseo basado en ciertas características socioculturales, políticas y étnicas. Si deseo a alguien que se salga del abanico de lo posible, recibo la amenaza de dejar de ser considerade yo misme sujeto del amor humano, miembro de mi familia.
¿Qué seguridad brinda desear un cuerpo normal/normado y a qué me arriesga desear un cuerpo excéntrico, un cuerpo que no corresponde a mi lugar en mi sociedad?

¿De qué modo debo ser vistx para sentir seguridad? En el esfuerzo para lograr adecuarme a la mirada del otre, ¿qué de mi propio deseo tengo que ceder? ¿A qué me obligo?

En este sentido, este tránsito del sol en Libra también permite preguntarse qué desearía si tuviera la seguridad emocional suficiente, qué diría y qué palabras valoraría si no temiera ninguna palabra. En este mismo sentido, si en mi pareja no encontrara la seguridad que encuentro, ¿la sostendría? Si pudiera conseguir elaborar mi propia seguridad emocional sostenida en otros elementos, sin involucrar a mi pareja, ¿qué me permitiría sentir y desear con ese otre? En otras palabras: si no tuviera que sostenerme emocionalmente en mi pareja, ¿cómo la podría vivir? ¿Qué deseos aparecerían y qué me permitiría?

Me refugio en el vínculo cuando aparece una dificultad para sostener el propio deseo. O, por el contrario, hago prevalecer el propio deseo por el temor a no ser escuchadx, a ser lastimadx. En ambos casos, el vínculo pierde riqueza, pues un vínculo se vuelve rico en la medida en la que sucede entre las personas que lo sostienen y no en uno u otro polo. Cederse o centralizar el protagonismo genera vínculos inarmónicos.

Tendemos a buscar la protección y la redención de nuestras heridas en los vínculos. De algún modo, siempre buscamos a nuestra madre en un amor, pues en ella encontramos la primera experiencia de esta fuerza. No hablo de algo edípico, sino de algo mucho más elemental: la madre es el cuerpo del amor, la sustancia del amor. Esa fuerza impersonal y enorme se hace presente en ese cuerpo. Y en todo amor habrá, en distintos grados, un eco de ese amor. En ese eco suele aparecer también una repetición, que muchas veces sucede sólo en el modo en el que leo las cosas (por ejemplo, siempre siento que me abandonan, no importa qué pase; siempre siento que no me dan la suficiente atención, no importa cuánto me miren). Otras veces esa repetición también afecta la forma en que elijo un objeto amoroso. Siempre encuentro aquello que necesito encontrar para sentir seguridad, para sentirme a salvo; lo que se distancia me arriesga. Pero si me arriesgara a desear como deseo en el presente, si me arriesgara al amor como lo siento en el presente, ¿cuánta seguridad emocional conquistaría? ¿Es realmente cómodo aquello en lo que me he acomodado? ¿Todo aquello que en mi infancia estaba adherido al amor sigue siendo parte de mi modo de amar? ¿Elijo que así sea?

Los conflictos vinculares en este periodo van a estar trayendo dos grandes bloques de cosas: por un lado, cuánto del vínculo sostiene una seguridad emocional basándose en mecanismos no del todo sanos o adecuados a quien soy hoy. Por otra parte, cuánto de lo que siento y deseo me permito poner en palabras, y cuánto espero que se comunique solo, telepáticamente o por ósmosis. ¿Qué busco en mi silencio, qué espero encontrar si no digo lo que deseo?

Libra es el séptimo signo del zodiaco. Luego de la espera que marca Virgo, luego del proceso, aparece la belleza, la armonía, la flor. Libra habla de los puentes entre las cosas y también entre las personas. De ahí su asociación con el mundo vincular, pero en general Libra tiende a armonizar contrarios, a limar asperezas y a permitir el encuentro de los polos. En la experiencia ordinaria de esta energía encontramos mucha duda y un exceso de energía mental. En el corazón del arquetipo libriano está el encuentro de esos dos polos entre los que dudo: no es ni uno ni el otro, es el encuentro entre ellos lo que vale la pena para Libra. Un equilibrista caminando por la cuerda floja para unir los extremos. El cuerpo y el alma encontrándose en la conciencia. En ese sentido, Libra tiene una gran relación con lo mental, pero no necesariamente con una mente que gira sobre sí misma, sino que también es posible que se trate de procesos mentales en los que se dé una apropiación consciente de procesos físicos o emocionales. Libra mira hacia el pasado y reconoce la familia, la propia historia; pero también ve hacia el futuro, pudiendo distinguir la capacidad de crear una historia propia. Se relaciona con la justicia de una forma particular. No es lo justo en tanto principio ético o filosófico (que sería algo más sagitariano), ni tampoco la Ley (tema de Capricornio), sino que Libra habla de la forma en la que es ejecutada la Ley que Capricornio construye. De qué forma lo Real toma cuerpo, se vuelve visible. La forma que toman las ideas, las leyes, las emociones es lo que permite que nos podamos apropiar de ellas.

Libra instaura lo bello, lo construye, le da inicio. Es desde esta energía desde donde concebimos la belleza de las cosas. El resto de los signos tiene otras preocupaciones.

Visualización:

Rojo. Derramado sobre una tela, el rojo refulge. Brilla. Ella lo mira. El rojo se derrama, tiembla en sus pupilas. El pincel en su mano reacomoda el viaje, asienta en la tela la deriva del color: lo dirige, lo abraza. El ojo intuye el momento en el que el color se asienta sobre la tela y adivina el cauce de la emoción. El ojo tiembla entre el rojo y el azul sobre el que cae, al que cruza, al que atraviesa el trazo y de quien el trazo se atraviesa. El ojo sigue el trazo de la mano y el pincel y se conmociona. El ojo, conmovido, se abre a la luz. La pupila se abre y el color se vuelve otro: se instala de otro modo, se derrama hacia adentro de una forma nueva. Como si algo entrara en el cuerpo entonces, la espalda de la mujer que pinta se endereza, armando una distancia mayor entre el ojo y la tela. El cuello se crispa como si un haz de luz circulara por la columna y fuese necesario enderezarse para permitirle el paso. El ojo siente como el trazo sigue, lo ve seguir, y entonces la mano, obediente, continúa la deriva del color sobre la tela, alimenta el movimiento. Detrás de la mujer que pinta, en la ventana de madera, el sol está a punto de descolgarse del alféizar y, un rato después, se hundirá en el horizonte. La noche que viene apagará el fulgor del rojo atravesando la tela, pero ahora la belleza inunda el cuerpo, la habitación, la tarde.