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El deseo

abril 10, 2019

¿Existe algo más transformador que la maternidad?

¿Puede la maternidad ser deseada y a la vez cargada de frustraciones?

¿Es la maternidad un modo de repreguntarnos “quién soy”?

¿De qué modos se convierte una mujer en madre?

 

Duelo, pasaje, cambio de plano: las maternidades –ojalá deseadas y deseantes pero todas ellas– suponen una transformación sin igual. A veces como proyecto, a veces como lo inesperado: cuando llegan, son una cosa ineludible.

Hay tiempos y registros variados para dar cuenta de esas transformaciones porque, a fin de cuentas, hay tantas maternidades como mujeres. Un denominador común, sin embargo, es que se trata de un ejercicio implacable, cotidiano y extenuante.

Unx bebé llega atravesando el cuerpo y ese cuerpo jamás volverá a ser el mismo. Hasta ahí, lo obvio, lo que salta a la vista. Pero la transformación tiene más facetas y recovecos: es la noción del tiempo que cambia para siempre porque unx bebé chiquitx hace de los ritmos algo eterno, porque unx niñx que crece hace girar el mundo a toda velocidad, es la capacidad de trabajar que encontrará nuevos cauces, sin dudas, es el goce y las otras maneras de explorar la sexualidad, es también la relación con el mundo social –el universo de las relaciones familiares, pero también descubrir qué poco amigables son las ciudades, por ejemplo. Y ahí no termina: es la fuerza de mil olas que van y vienen y terminan por reventar en alguna parte.

Incluso en las maternidades deseadas hay enormes porciones de pérdida. Con nostalgia podés mirar hacia atrás. Antes. Con bronca podés anticipar que no va a ser sencillo reconquistar algo de tu vida anterior (todo lo que conocías). Ahora. En ese vaivén del antes y el ahora se activan los superpoderes: aprendés o aprendés. No podés esquivar el turno. Esa sobrecarga de responsabilidades ofrece una oportunidad, muchas veces nada amable: arrinconada y agotada empezás a pelar capas. Abajo hay una forma más auténtica. Puertas adentro, la maternidad no se puede fingir: te enfrenta, te espeja, te atropella.     

Como toda transformación, es un proceso dinámico: hay momentos que se transitan en velocidad crucero y muchos otros son autos de carrera trepados a una montaña rusa. Tampoco hay turnos ni demasiada posibilidad de orientar esos momentos. De ahí el caos, de ahí la revolución.

La maternidad es disputa, controversia, exposición. Es un fenómeno popular y, como tal, un campo de batalla y territorio fértil para discursos cruzados.

Cada fase abre cajas y sorprende. Mutación y mutilación. Si te animás, es un ejercicio de autoindagación que abisma, porque la maternidad es una topadora y viene a cuestionarlo todo. Ese es el regalo que anida en el deseo.

 

Texto: Carolina Irschick, puericultora. Láctea, maternidad y lactancia

Ilustración: Clara Lagos