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SARA OLGUÍN: PRESERVAR LA ENSEÑANZA DE LAS ANTIGUAS

junio 04, 2018

Sara Olguín, nacida el 18 de febrero de 1955, partera en su juventud, es escritora y conservadora del patrimonio culinario, de la poesía popular y de la medicina natural.

Tengo 61 años, y nací en el mar, soy hija del mar. Mi madre venía en un barco y nací frente a las Islas Canarias porque mi padre era marino mercante. Mi madre era enfermera, española, nacida en la ciudad de Huerva, vino acá en un intercambio cultural, y conoció a mi padre. En uno de esos viajes que mi madre hizo para ver a sus padres iba grávida de mí. Por eso tengo esa pasión tan grande por el mar. Así que no soy ni de aquí ni de allá, como dice Alberto Cortez, pero me defino chilena y nacida en Valparaíso.

En Chile actualmente no existe una legislación clara en cuanto a la industria farmacéutica. Tenemos, en el centro de una ciudad cualquiera, aproximadamente una farmacia por cada cuadra. Yo me pregunto: ¿a qué nos acostumbran?, ¿qué es lo que nos venden?, ¿y cuál es la verdad que nosotras les compramos? Para nuestra suerte, existen otras alternativas muy amables y simples para sanarnos. Yo te aconsejo que escuches a la vieja sabia que habita en ti o en tu barrio, ella tiene mucho que enseñarte.

Lo principal es el tema de los huesos… Cuando les pregunto le achunto al tiro, porque de la nada se zafan, es lo que el médico llama “esguince”, que es el desplazamiento del hueso; son milimétricos, pero son muy dolorosos, porque los huesos son todos de cóncavo y convexo, hacen la función de bisagra. A un lado hay nervio, al otro tendón; entonces depende para el lado que se desplacen: para el lado del nervio es más doloroso porque es más sensible el nervio; para el lado del tendón es un poquito menos doloroso porque el tendón es más resistente. Entonces, lo primero que les digo es: “¿Comes mucho aceite?”, “¿Comes mucha mayonesa?”. Yo fundamento que va en la ingesta de los alimentos modernos, que contienen muchas grasas saturadas, aceites que no son naturales. Esas mayonesas, sepa Dios de qué las hacen… tienen de todo menos huevo. Entonces, esa ingesta de ese tipo de alimentos  influye mucho en la blandura –le llamo yo– de los huesos, y los niños se zafan con mucha facilidad.

Y lo otro es que llega mucho niño empachado, porque los alimentos que hoy en día se consumen no son de fácil digestión, tienen mucho químico. Volvemos al mismo tema de las mayonesas: no están frescas en el supermercado, están meses almacenadas… y para que no se descompongan tienen que echarle químicos, y esos químicos se pegan en la guatita de los niños, porque las paredes estomacales de ellos son mucho más sensibles que las nuestras, absorben con más facilidad, es como cuando uno tiene una esponja nueva; nosotros en las paredes estomacales tenemos más sarro, debido a los años. ¿Cuándo uno comía chicle antes? Ahora los niños comen mucho chicle, y eso se les pega en la guata. Yo les he tirado la cola a los niños y después me han dicho las mamás que botó el chicle con pelo; y esos son saberes que los médicos de repente los reconocen, y qué bueno que ahora las generaciones nuevas de médicos que se están formando reconozcan y aprendan este tipo de prácticas también, porque va a beneficiar muchísimo a la comunidad.

Lo otro también que llegan mucho son las diarreas. Yo tengo un remedio infalible para las diarreas. A la persona que se lo he dado, o que yo se lo he hecho, le ha funcionado. Es a base de carbón, porque el carbón cura más de veinte enfermedades, es muy beneficioso para la salud del ser humano.

Esas serían las enfermedades más recurrentes, digamos, y a todas ellas las fundamento en el mercadeo de nuestra comida que hacen las empresas, porque hoy día, ¿cuántas mamás saben hacer una mayonesa natural? Y si saben, ¿con qué aceite, con qué huevo? Está todo manipulado. No hay nada natural. Nosotros antes sacábamos el aceite de oliva, machacábamos la aceituna chiquitita, la pollita que le llamaban, la molíamos en la piedra, después la echábamos al balde, la dejábamos con agua, y el aceite como es más liviano se va arriba. Y estábamos un día entero con la cuchara trasvasijando el aceite. Ahora ¿quién tiene esa paciencia?, ¿quién tiene ese tiempo?, ¿quién tiene el conocimiento? ¿Qué comemos? Mugre.

Quisimos hablar sobre los rezos, un tipo de sanación tradicional que aún es muy vigente en el campo chileno. Este ritual comúnmente se aplica a niñas y niños pequeños con la ayuda de una planta nativa llamada palqui.

Los rezos también los definiría como una sabiduría ancestral. Aquí no conjuga ningún tipo de religión, que eso quede bien claro, porque en el rezo uno invoca a Dios, y Dios es el mismo y para todos. Las religiones, el hombre les puso nombre. Aquí solamente se invoca la ayuda de Dios para que uno pueda confluir la energía que uno tiene. Yo lo llamo “cambio de energía”. En mi estadía en Brasil le cambié la energía a más de treinta guaguas, que tenían el sueño cambiado, otras que lloraban mucho, estaban asustadas. Entonces, con el rezo uno hace eso: cambiarle la energía, ya sea a la guagua o a la persona, porque también uno le reza a personas grandes, y es muy efectivo. Y siempre me buscan para rezar. Y una de las cosas que la tía me dijo es que nunca me tengo que negar, aunque esté lloviendo, nevando, o yo esté durmiendo a las cuatro de la mañana, si a mí me vienen a buscar para rezarle a un bebé, yo nunca me tengo que negar. Hay una creencia, dice la tía, que si yo me negaba puedo perder el don… Uno pide que toda la molestia que tenga la persona o el bebé se la pasen a uno, y efectivamente se la pasan a uno, porque después una queda muy enferma.

Y tú, como bruja, ¿te deshaces de esa energía?

Obviamente que después uno tiene que limpiarse.

¿Y con qué hierba tú rezas?

Generalmente, con ruda, con palqui y con albahaca. Las hierbas olorosas, les llamo, que pueden ser olorosas ricas u olorosas malas. Y últimamente descubrí en Brasil que la higuerilla, esa que es tan común acá, tiene muchísima energía. En Brasil se llama pinhao-roxo y rezaba con ella.

Y para limpiar mi energía hago algo muy divertido, que se van a reír: si estoy en mi casa, me revuelco en la tierra, boto ahí esa energía y renuevo; y si estoy en la playa, en el mar, y después me limpio con albahaca, con sal de mar, y renuevo mis energías. Y a veces he atendido tanta gente que me he quedado tan sin energía que ni siquiera puedo levantar un dedo.

Este es un mensaje muy importante para que aprendamos nosotros a cuidar la tierra, que la defendamos como leones, que no se contamine. No tener miedo, yo veo que están los tractores que desinfectan las viñas tirando agua en el canal, y yo les dije de todo menos que eran bonitos, y llamé a carabineros; y al gallo, al tractorista, lo pesqué de aquí, lo tiré para abajo y le dije: “No sigues manejando esa máquina, no la sigues manejando”. Y no permití que tirara todo el residuo a las aguas. Esa debe ser nuestra actitud, de todos y cada uno de nosotros, defender la Madre Tierra, que ella permanezca pura, porque ella es la que nos da la vida y de ahí sacamos todo nosotros.

La violencia de género cada día se hace más visible en medio de un mundo que se niega a enfrentarla. La vida en el campo chileno suele ser hermosa, pero al mismo tiempo duramente patriarcal. ¿Existe conciencia de las mujeres campesinas de este fenómeno?

Bueno, ahí me pegaste donde me dolía. Yo también fui una mujer golpeada y soy una de las mayores defensoras de los derechos de la mujer. No estoy contra los varones, pienso que el hombre es un compañero que debe caminar con nosotros con amor. Porque se supone que uno se pone en pareja por amor, no porque tiene que procrear, ni porque tiene que tener una casa o que tiene que tener familia, o por el simple proceder del cuerpo, para eso mejor se juntan una vez al día o una vez a la semana y era. Entonces, cuando uno forma familia hay un sentimiento más grande que lo mueve, el amor, ¿no es cierto? Entonces, como defensora de los derechos de la mujer, les voy a regalar una décima que tengo acá en el libro, que me lo sé casi de memoria; y es para que ustedes como mujeres se sepan valorar, para que los varones sepan valorar a las mujeres también, dice así:

La mujer como una flor

que se deshoja en verano

es de los seres humanos

de la creación, lo mejor.

Es por ello que el señor

la ha dotado de ternura

como la fruta madura

que esparce su dulce aroma

por eso, la otra persona

ha de tratarla con dulzura

Hombres y mujeres somos iguales en muchos aspectos; a los hombres y las mujeres lo que nos distingue más que nada es el sexo, porque los hombres tienen una forma de sexo, de aparato sexual, y nosotras tenemos otra… y eso es como lo que más nos distingue. Hay otras cosas, como que de repente el hombre también es dotado de una fuerza física un poco mayor, pero yo he recorrido hartas partes del mundo y por Dios que me saco el sombrero con la mujer chilena, lo fuerte que es. Yo he visto mujeres arando, yo he arado, yo he sembrado, yo he regado; he visto mujeres que cortan leña; he visto mujeres que crían cinco chiquillos solas. Entonces ¿por qué el hombre se va a considerar con derecho a quitarle la vida a una mujer, si él nació de una mujer? Esa mujer es la madre de sus hijos; él probablemente tiene hermana, ¿le gustaría que le mataran a su hermana? ¿Con qué derecho un hombre golpea a una mujer, haciendo uso de su mayor fuerza física sabiendo que cuando el hombre falta la que pone el pecho a las balas es la mujer? Y es la mujer la que cría a los hijos, y en el campo atiende el campo; en la ciudad, la mujer trabaja para alimentar a su familia. Un hombre no es capaz de parir, amamantar, criar a sus hijos. El hombre llega del trabajo y, mientras la mujer le prepara la once, toma su control remoto con pantuflas y descansando: un merecido descanso. Y la mujer llega de la pega, deja la mochila, vamos viendo la comida, las colaciones para los niños, haciendo las camas. Entonces, nosotras como mujeres tenemos ese tremendo valor. ¿Quién va a hacer conciencia en esta sociedad de lo que las mujeres valemos? ¿Quién le va a hacer conciencia a los hombres? ¿Dónde tiene que comenzar la educación para que eso suceda? Desde el hogar, dejemos de criar machitos, dejemos de criar princesas. La mujer tiene que ser fuerte, ¿para qué?, para que se aprenda a defender.

Yo les voy a contar una historia de vida, mi propia historia. Yo me casé a los dieciséis años, por salir de mi casa, porque mi padre era machista y me golpeaba, y era a la que menos quería. Y a mí me mandaban a hacer todo: yo tuve que criar a mis hermanos, yo tuve que trabajar, para ayudar, porque mi padre salía a navegar y se demoraba meses en llegar, entonces no podíamos estar esperando a que él llegara para comer. Entonces, salía a desgranar morochos, a sacar leche, a hacer queso, con diez, once años. Entonces cuando me casé, yo quería tener mi casa, que fuera mi marido el dueño de casa y yo la dueña de casa, porque esos son los roles. ¿Él tiene más derecho que yo?, ¿yo tengo más derecho que él? No, los roles tienen que ser bien establecidos: él es el dueño de casa, porque él tiene que ser el proveedor, el que tome las decisiones, pero siempre y cuando las conversemos las decisiones, no puede llegar y decir: “Oye, voy a vender la casa”. No, no puede tomar esa decisión, esas decisiones se toman en conjunto. Entonces, tenía dieciséis años, y mi marido tenía veintiocho. Él era el macho. Y me golpeó, pero me golpeó tres veces no más. Porque la primera la aguanté, me dije: “Pucha, estoy recién embarazada, ¿cómo voy a criar a mi cabro chico sola, sin papá?”. Y después me pedía perdón. La segunda vez también dije: “Pucha, ya tengo mi niño chico, estoy embarazada del otro”. Y la tercera vez sí que no le aguanté más. No le aguanté a mi padre que me pegara, ¿Y por qué tengo que aguantarle a éste que no le he costado ni un pan? Entonces dije: “No, si él a mí no me ha dado un pan, no me ayudó a crecer, no me crió”. Entonces, no le aguanté al hombre que me crió y no voy a aguantar a este. Total, yo levanto una piedra y salen cien al tiro, no me hago problema. Entonces, él llegó curado y llegó a pegarme, digamos, por una cuarta vez. Entonces, yo lo esperé a que se durmiera no más, no le dije ni una cosa. Quería pegarme y yo me arranqué, y esperé que se durmiera. En esos años en el campo uno trancaba la puerta, eso ustedes no lo conocieron… una vara de madera, porque no existían los pestillos. Y lo agarré a trancazos. Y se rió la virgen. Y al otro día amaneció, calculen ustedes… se hizo de todo. Y le pesqué los trapos y se los tiré para afuera. Y le dije: “que te vengan a lavar con los que tomaste anoche”. “Pero ¿qué es lo que te pasa?”. “Tú no me tocas más, tú no me pegas más”. “Es que yo no me acuerdo…”. “Sí”, le dije y le inventé: “Me pegaste”, para ver si era cierto que no se acordaba. Siempre decía “Yo curado no me acuerdo”. Así que le dije: “A partir de este momento yo no te hablo más”. Y estuve un mes y medio sin hablarle. De rodillas llegó a pedirme perdón, “Te juro por lo más sagrado que son mis hijos, te juro que nunca más te pego”. “Y no me vas a pegar, porque la próxima vez que me pegas yo te mato, sin compasión”. Por Dios que nunca lo pensé, porque no está en mi mente eso, pero él no lo sabía. Entonces en una ocasión llegó muy curado, y ya curado era muy cariñoso y se puso odioso, celoso, porque era muy celoso; y entonces vengo yo, donde vivía no había luz, entonces llevé una cuchilla muy grande que él tenía para carnear, porque él carneaba chanchos, y la llevé y la puse para arreglar la vela. Entonces, como yo dormía con mi otro hijo, y él dormía con el niño, al otro día se levantó y dijo: “¿Qué hace ese cuchillo ahí?”. Yo como buena payadora la tenía así, le dije: “Anoche te pusiste pesadito y me queríai pegar, y lo traje y te la iba a mandar a guardar toda, pero miré al niño durmiendo al lado tuyo y me paré, pero para la otra el cabro duerme conmigo, no vas a dormir más con él”. Por Dios que nunca pensé hacerlo, soy honesta, pero él no lo sabía. Y de ahí me agarró un respeto hasta el día de hoy, no me tiene miedo: me tiene respeto, porque él sabe y yo siempre le digo: “Tal cosa, y te lo digo una vez no más, porque yo no estudié pa’ campana, así que agárrala al tiro”. Entonces, esa es la manera que uno tiene y por eso él dejó de golpearme, pero si yo me hubiese quedado… Entonces, a mí me da un poco de rabia, digo ¿cómo mierda no va a haber una mujer que le diga a la otra que está viendo que es golpeada “salte de ahí”, “toma esta actitud”, “haz esto”? Yo he aleonado a muchas mujeres en mi pueblo, si la mujer chilena es capaz sola, es muy aguerrida, muy valiente, y si el compañero que tiene no la va acompañar con amor, mejor que no tenga compañero…

¿Dónde tiene que comenzar la educación? En el hogar. Más aún, tiene que comenzar desde el útero, porque nosotros llevamos como una herencia uterina. Mi madre fue golpeada, mi abuela fue golpeada.

Yo no digo que las parejas no tienen que discutir, tienen que discutir. ¿Por qué? Porque se han criado de formas diferentes, entonces tienen que ajustarse. Los antiguos decían que era hasta los siete años, que es la comezón del séptimo año, decían, o se separan o quedan. Hay que tener discusión, cambios de parecer. Pueden enojarse también, andar un par de días sin hablarse: eso está normal. Pero lo que no es normal son los insultos, los golpes y también hay otras formas de golpear.

En mi pueblo se hace un encuentro de payadores, que lleva ya 21ª versión. Hace cinco años le estaba rogando al caballero, al que organiza el encuentro, que me dejara participar. Entonces me decía “No, usted para lo único que me sirve es para atender las mesas”. Y adivinen qué: iba a atender las mesas. Y a conversar con los payadores, nos tirábamos unas payas, unas cuartetas, unas tallas. Y yo le decía: “Pero ¿por qué no me deja?”. “Porque es mujer”. “Porque soy mujer quiero participar, porque vienen de Melipilla, vienen de una pila de partes mujeres y aquí en Putaendo no hay quien saque la cara por las mujeres y yo puedo”. Entonces, cuando yo le di ese argumento, ya su argumento se le cayó: ya no era porque era mujer, era porque no había cupo. Y un año le fallan los payadores y me invita. Y después andaba con babero. Me dijo: “Es que la presentación que usted tiene no sirve porque no es en décima”. “La hago en décima”. Me demoré dos minutos en hacer una presentación en décima. Y después andaba “Ah, que la Sarita”. ¿Y ahora? Ahora me invita. También eso. En nuestra actualidad ya no debería existir. Hay mujeres en la construcción, la mujer hoy en día ha incursionado en todos los campos laborales del hombre y ha demostrado incluso algunas veces que lo hace mejor. ¿Por qué? Porque la mujer es más minuciosa, tiene la motricidad fina que le llaman. También tiene la sapiencia, la sabiduría que tenemos las mujeres, porque los hombres no tienen la misma sabiduría. Así que ustedes como futuras mamás, o algunas ya son mamás, empiecen desde pequeñitos a enseñar sobre todo a sus hombres, a sus hijos varones: a la mujer no se le golpea ni con el pétalo de una rosa. Eso recuérdenlo siempre.